Estoy ciertamente cansado de que muchos de mis amigos critiquen la letra pequeña que utilizamos los publicitarios en los anuncios, aludiendo a que modifica enormemente la oferta y/o beneficio principal del producto/servicio que se anuncia. Y que ese cambio siempre es a peor, es decir, modifica el sentido de la oferta/beneficio principal haciéndola mucho menos interesante para el consumidor.
El objetivo de este post no es el de analizar el contenido del mensaje (en la gran mayoría de ocasiones, de tinte legal) que incluimos en la letra pequeña, sino el modo en que lo hacemos. Incluimos la letra pequeña, tan ínfima en tamaño y rápida en velocidad, que debemos creernos que nuestro consumidor es un superdotado de la lectura. Este hecho se acentúa en los anuncios de televisión, donde contamos con menos tiempo para publicitar nuestro producto/servicio. En mi opinión, lo único que conseguimos los publicitarios con esa "técnica" es ayudar a crear (cuando no, consolidar) una imagen de desconfianza hacia nuestro producto/servicio. Y en consecuencia, hacia nuestra marca. Y, en mi opinión, lo que es peor, hacia nuestra profesión.
De todos es sabido que existen leyes que cubren lo que decimos en la letra pequeña y el cómo lo decimos. Pero independientemente de que existan estas leyes, creo que debemos guiarnos por la ética profesional (http://www.anunciantes.com/descargas/AP0_CodigoConducta.pdf ) más que por cumplir la Ley. En mi opinión, la "regla" o guía por la que debemos guiarnos para que la letra no sea ni muy pequeña ni vaya muy rápido, es muy clara. Si una persona de 60 años no es capaz de leerla es que debes modificarla para hacerla más legible.
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